Lo de escribir me lo tomo en serio hasta donde es imprescindible, pues más bien tiendo a tomármelo a guasa.

Ilustración de cubierta: Inés Vilpi

Ciento catorce microrrelatos que te dejarán el corazón despatarrado

Uno nace, ama y muere sin darse cuenta (salvo en lo último, si eres un suicida). Lo mismo que cuando se tropieza o estornuda. No se decide ni se elige cuándo, ni cómo llevarlo a cabo. Ocurre y ya. Y, quizá, si uno pudiera volver atrás, corregir y hacerlo de nuevo, es seguro que no lo haría igual o simplemente no lo haría (sobre todo si eres un suicida). Quedando un resultado de nacimientos, amores y muerte perfectas. Pero claro, no serían únicos e irrepetibles. De la misma manera están escritos los relatos de este libro. Cada uno es un impulso, de amar, de morir o vete tú a saber.

Todos tienen punto de apoyo, del que parten casi con rabia, pero a priori, casi nunca, destino conocido. Son como disparos, cuyas balas no son conscientes de su recorrido ni su fin porque no pueden serlo, pues no son más que munición. En este caso, el artillero, como dice el título, no escoge querer lo que quiere, quiso sin más. Lo quiera o no. Así es.

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